lunes, 30 de enero de 2017

LOS PROFESORES A PUNTO DE DECIR BASTA

Hace unos días leía una noticia, sobre una profesora que estallaba. No aguantaba más y después de 19 años de docencia, según la noticia, decidió hablar y decir lo que pensaba.

Estoy harta de aguantar la mala educación de un porcentaje cada vez más alto de los alumnos, del proteccionismo de los padres y de los cambios de normas de la Administración.
Y así es como empieza el titular. 

De un tiempo a esta parte he oído a amigos profesores quejarse del problema constante que tienen en las aulas. No recuerdo que en mi época los profesores tuvieran tanto problema y sí, pienso que muchas veces el problema que tienen esos profesores son los padres.

Recuerdo perfectamente que cuando mi tutor/a de turno, me decía que tenía que hablar con mis padres, por una reunión de tutoría o cualquier cosa, a mi se me ponían de corbata y no era una niña problemática, al contrario, pasé por el colegio y el instituto sin pena ni gloria, siendo una estudiante de notable y no destacando más que ninguno. Pero aún así, siempre mostré respeto a esas reuniones, a los profesores y a mis padres.

Pero hoy día muchos padres no quieren escuchar a los profesores, nos les gustan todas las cosas que se puedan decir de ellos, pues siempre son los niños perfectos, no se involucran en la educación de sus hijos, les dan una palmadita en la espalda y van al colegio o instituto. Pero seamos sinceros, si a esos chicos no se les motiva de ninguna manera en casa, cómo lo van a hacer en clase?

Una vez vi un cartel donde ponía que en casa es donde se tiene que aprender a respetar a la gente. En casa se aprender a dar las gracias. En casa se aprende a ser una persona coherente. En fin, a ser persona como todo hijo de vecino, saber respetar y ser respetado. Y en el colegio se aprendían las materias: matemáticas, lengua, literatura, historia, filosofía, idiomas,... Y pensé: Oye! pues tiene razón, en su justa medida. Por supuesto que nosotros, como padres debemos enseñarles unas normas básicas de convivencia y de respeto hacia los demás. Y en el colegio se les enseñarán las materias, aunque también el día a día con ellos debe ser bueno. No todo es blanco o negro. 
Parece una tontería, pero  el otro día en la guardería la profesora de la peque (que ya sabéis que tiene dos años y medio) me dijo lo sorprendida que estaba porque mi hija era la única, que le dabas de comer y te daba las gracias, le dabas un lápiz para dibujar y te da las gracias. Da las gracias incluso a sus compis. Y yo le dije, es normal, siempre nos oye dar las gracias y a ella también se lo decimos y se lo enseñamos, porque es importante ser agradecido. ¿No creeis?

Cuando en el discurso de esta profesora leí:

Yo no estoy aquí para aguantar, y utilizo las palabras textuales que un padre me dijo por teléfono cuando lo llamé para que corrigiera la actitud de su hija, que no me dejaba hacer mi trabajo...
Pensé que el mundo se estaba volviendo loco. Si un día una profesora llama a mi casa quejándose de que mi hija alborota en clase, le falta al respeto o cualquier cosa parecida, no le diré a la profesor que está ahí para "aguantar" a mi hija, si no que le diré que hablaré con ella. Creo firmemente en el poder de la palabra y pienso que hablando se entiende la gente, así que cogería a mi hija, me sentaría con ella e intentaría averiguar cuál es el problema. ¿Se aburre? ¿No está motivada? ¿La profesora no se ha comportado bien con ella o con otros alumnos? Lo que sea. No digo ponerme de parte de la profesora, si no intentar averiguar qué pasa. Igual que hablaría con otros profesores para saber si eso es una constante o no.

Harta de la sociedad, que encumbra a seres que pesumen de su ignorancia, que valora a un futbolista o a un "nini" más que a una persona con estudios, respetuosa y educada. De los programas de televisión, que presentan como modélicos a aquellos que sin estudios y sin sacrificio alguno se han colocado ganando un sueldazo por criticar, acostarse con, comprar en...
Para mi esta frase tiene mucho sentido y mucha razón. ¿No creéis? Vivimos en una sociedad donde una persona que sale en la tele es como un Dios. Se les paga por criticar, tirarse los platos a la cabeza y poner en evidencia a otras personas, mientras que nuestros mejores investigadores, por poner un ejemplo, se marchan de este país donde se les cierran las puertas a cal y canto. Esto es lo que muchos chavales ven en su día a día y no creo que se estén haciendo las cosas bien (ya no hablo de sueldazos a gente que no pega palo al agua y que no tiene ni un mínimo de nivel. Como por ejemplo el presidente del gobierno, que no sabe inglés, que nos deja en evidencia delante de otros países, pero yo, con un buen nivel de estudios como tengo (aunque flaqueo en la conversación en inglés, pero soy buena en otros ámbitos) no se me da la oportunidad que merezco, porque soy mujer, porque tengo 35 años, porque soy madre, porque tengo demasiada experiencia, porque, porque, porque...

Claro que los chavales deciden no hacer nada. Deben pensar... ¿para qué? Pero nosotros, los padres, debemos enseñarles que esto no es así, que nosotros debemos cambiar eso y que los chicos y chicas que salen en programas basura como hombres, mujeres y viceversa no son (para mi) un modelo a seguir, por regla general. 

Harta del proteccionismo de los padres, que quieren que sus hijos aprueben sin esfuerzo y sin sufrir, sin traumas... De la falta de valoración del esfuerzo que sí hacemos nosotros.
Justamente cuando estaba escribiendo este artículo vi, publicado en facebook esta fotografía que le va que ni pintado a esta frase:


Puede que sea algo exagerado, ¿o no? Pienso que los padres deben aunar esfuerzos para que la educación de nuestros hijos, académicamente hablando, sea la mejor, creando así un posible futuro mejor para ellos. Enseñándoles que las cosas que se consiguen con esfuerzo y ánimos, que estamos a su lado, pero no significa que les dejemos hacer lo que quieran.
No podemos pensar que el profesor es el enemigo. Por ahí, no vamos por buen camino. Sé que la peque todavía va a la guardería, pero me gusta ir a buscarla los viernes (que algo bueno tiene que tener el trabajo donde estoy, como salir a las 14.00 horas el último día de la semana), así veo a la profe, hablamos unos cinco minutos, me cuenta cómo ha ido la semana y si ha tenido algo con algún compañero, como por ejemplo el otro día cuando me decía que un nene de su clase le había pegado en la cabeza. Hablé con la profesora y me explicó cuál había sido el problema y mi peque no estaba exenta de culpa, eso seguro.
El año que viene empezará el cole y aunque no será igual, porque no veré a la profe de la misma manera para hablar con ella, sí sé que si veo algún indicio de problema puedo acercarme cuando sea para tener una reunión y es que el colegio donde va me da esa tranquilidad. Me gusta pensar que puedo involucrarme en todo lo que pase allí, con sus compañeros, profesores y todas las personas de su entorno diario.

Pienso que si mi hija trae malas notas, lo mejor es hablar de ello, preguntar qué ha pasado. A mi me pasó. En sexto de E.G.B (creo que esto sería hoy 1º de la ESO) suspendí historia. Yo, una alumna que nunca había dado problemas me suspendieron. Mis padres, sobre todo mi madre, entró en cólera y no se lo podía creer. Así que llamó al colegio y le preguntó al profesor qué había pasado. Ella en un principio no se lo podía creer, pero cuando el profesor (y tutor) de dicha asignatura le dijo que yo me había pasado el trimestre de picos pardos en clase, que solo había sacado un 4,75, sabiendo que podía ser una alumna de 8 o incluso de 10, decidió que lo mejor era suspenderme, mientras que a otros alumnos que sí se habían esforzado y tenían la misma nota que yo, habían aprobado. Al principio no lo entendí, con el paso del tiempo y viendo que mis esfuerzos hacían que ganaran confianza, buenas notas y sobre todo ese "reconocimiento" que a todos nos gusta me di cuenta que si ese profesor, en su día me hubiese aprobado, a lo mejor, otro gallo cantaría. Mi madre me hizo aprenderme el libro de historia entero. Cada día, durante el verano una lección diaria. Aprender, resumir, contar y luego responder a sus preguntas. Vaya verano...
Hoy día ¿qué hubiera pasado si mis padres hubieran sido más permisivos? A lo mejor hubiera ido a pelearse con el profesor, le habría dicho que no era justo aprobar a unos y a otros no, no sé... pero sigo pensando que no hubiera sido bueno para mi.

Harta de la Administración, que cambia las leyes y la normativa que rige en mi trabajo sin preguntarme qué opino y sin darme formación para hacer bien mi nuevo trabajo. Que me coloca dos horas más en el horario lectivo y me explota laboralmente, porque yo, en los últimos años, lo único que hago es trabajar, trabajar como una posesa. Ya, hasta mis hijos me lo dicen.
Ahora dicen que nos van a devolver esas horas, ¿sabéis donde nos la van a devolver? En el horario irregular que dedicamos en casa, el que nadie ve. Yo tardo cinco horas en corregir 30 exámenes de 1º de Bachillerato, entonces ¿ya esa semana no doy ni una hora más en casa, no? Ya no programo, no preparo mis exámenes, no me actualizo para utilizar la Tablet (que me he comprado de mi bolsillo para trabajar mejor), ni para saber utilizar la plataforma digital del Centro, no relleno informes de faltas, no redacto actas…y un largo etcétera de tareas invisibles.
El colmo es que algunos de nosotros nos hemos planteado pedir reducción de jornada, cobrando menos, para hacer bien nuestro trabajo. Pero, ¿adónde vamos a llegar? ¿En qué trabajo se hace eso? ¿Dónde se ha visto renunciar a tu salario para dormir con la conciencia tranquila? Esto no pasa en ningún lado.
Y encima de todo hay que aguantar “¡Qué bien viven los maestros!” Porque para la sociedad somos unos privilegiados que “no damos un palo al agua”...
Yo he sido de esas personas que han pensado: "Pero... ¡que bien viven estos profesores! me he equivocado de profesión.
Sí, lo he pensado y no, no he pensado en el trabajo que ellos desempeñan fuera de su horario laboral. No he pensado en toda la carga psicológica que deben aguantar. Simplemente pensaba en el horario del colegio, en las vacaciones de los niños y que ellos mismos hacían exactamente lo mismo.
Lo sé, eso no es así, siempre. Y de un tiempo a esta parte lo he visto y me he sentido mal. Encima de saber la realidad de muchos de ellos, el cómo viven, los horarios de locos, la poca conciliación de la que ellos mismos tampoco gozan, las horas de más en su casa,.... me doy cuenta de que es normal que ellos mismo no motiven a nuestros hijos como pensamos de deberían hacer, cuando están cansados y hastiados con su propia situación, donde cada día les cortan más cosas, donde deben poner su mejor cara y seguir adelante.
Y no ayuda que los padres de algunos alumnos, porque supongo que muchos pensarán como yo, no ayuden haciéndoles sentir malos profesores o simplemente que no valoren su trabajo como es debido.
Enseñamos a nuestros alumnos por ser críticos, mentes libre pensadoras que puedan elegir y discriminar lo que les conviene de lo que no, y nosotros somos los primeros aborregados, no hacemos nada, seguimos agachando la testuz para que el yugo nos caiga con más fuerza.
Yo así no aguanto más, vosotros haced lo que queráis. Llevo 19 años en la docencia, tengo 45, a lo mejor es mi crisis de la mediana edad...pero, si algo me han dado los años es valor, no tengo miedo, y, como me aprieten más el tornillo, saltaré como un resorte. Solo quiero avisar: de aquí en adelante no pienso quedarme callada ‘por educación’. Contestaré en el mismo tono y con la misma contundencia que se me trate.
A mí me gusta enseñar y transmitir. Me gusta el trato con los alumnos, los quiero y animo. Me considero un motor social de cambio, una fuerza generatriz. No soy un burro de carga dispuesto aaguantar hasta que reviente.

Estos últimos párrafos me hicieron pensar... La mayoría de trabajadores, no solo los profesores, vivimos con miedo a pedir lo que nos corresponde. Tal y como están las cosas aguantamos lo inaguantable porque no podemos quedarnos sin trabajo. Solo pienso en mi situación y las veces que he tenido que pasar por el aro, comerme mi orgullo y seguir hacia delante. Esto es lo que no quiero para mi hija. Quiero que tenga un futuro mejor, quiero que tenga una oportunidad, que luche por sus ideales, que no se sienta atrapada en un trabajo sin futuro, que al levantarse cada mañana se pregunte porqué sigue haciendo lo que hace, cuando no le llena lo más mínimo. 
Pienso que esta profesora, como muchos otros se sienten solos, desamparados (sé cual es la sensación) y entiendo que al final salte, decida hablar, sin importar las consecuencias. 

¿Qué creéis vosotros?

2 comentarios:

  1. Yo ese cartel que comentas también lo he visto y lo cierto es que la base principal de la educación está en casa. Y también es básico que se estabezca una buena relación familia escuela. Y en cierta manera según en que situaciones entendo que se sientan como esta profesora, como bien dices desamparados...

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    1. Exacto. La base principal la aprenden en casa, con nosotros, sus padres. Además, debemos pensar que ellos aprenden por imitación y hay cosas básicas que hoy día muchos niños no han visto en su casa. Además de que si le ponemos que sus padres son ultra protectores y lo que les dicen los profesores se lo toman como algo personal, ahí está el problema. Yo creo que tiene que haber un término medio en toda esta historia y como he dicho en el post, a mi me llama una profesora porque hay problemas con mi hija y no acusaré a nadie antes de saber todas las versiones, creo que tampoco podemos ponernos en contra de nuestros hijos y creer a pies juntillas a los profesores, si no tener empatía, saber qué pasa y aunque es difícil, estar ahí en el día a día con ellos, por si ocurre cualquier cosa que les pueda perturbar.
      Muchas gracias por pasarte :)

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